Este viernes 23 de octubre Uruguay celebra el Día del Periodista y del Trabajador de los Medios de Comunicación, una fecha que reconoce la labor de quienes hacen posible que la información llegue diariamente a la sociedad. La conmemoración tiene sus raíces en el pensamiento de José Gervasio Artigas, fue establecida por ley en 1990 y ampliada en 2018. Actualmente, la actividad enfrenta importantes transformaciones como consecuencia del crecimiento de las plataformas digitales, los cambios en los hábitos de consumo informativo y las dificultades económicas que atraviesan numerosos medios tradicionales.
El origen de esta celebración se remonta al 23 de octubre de 1815, cuando José Gervasio Artigas envió una comunicación al Cabildo de Montevideo expresando su respaldo a la publicación Prospecto Oriental, impulsada por Mateo Vidal. El jefe de los Orientales consideraba fundamental promover la libertad de prensa y facilitar la circulación de las ideas, en una época en la que comenzaban a consolidarse las aspiraciones de autonomía política de la Provincia Oriental. Aquel pronunciamiento constituye uno de los antecedentes históricos más significativos del periodismo nacional y, más de dos siglos después, continúa representando la importancia de contar con una prensa libre, capaz de informar, cuestionar y contribuir a la formación de una ciudadanía consciente de sus derechos y responsabilidades.
El reconocimiento legal llegó mediante la Ley N.º 16.154, promulgada el 23 de octubre de 1990, durante la presidencia de Luis Alberto Lacalle Herrera. La norma estableció la fecha como Día del Periodista y la declaró feriado no laborable para los profesionales comprendidos, con derecho a percibir su remuneración habitual. Posteriormente, la Ley N.º 19.715, promulgada el 14 de diciembre de 2018, modificó su denominación y amplió expresamente el reconocimiento, estableciendo el Día del Periodista y del Trabajador de los Medios de Comunicación en todos sus ámbitos. De esta manera, la celebración comprende no solamente a quienes redactan noticias, realizan entrevistas o conducen programas, sino también a los trabajadores que, desde funciones técnicas, administrativas y de producción, participan en el funcionamiento de los medios. Otro antecedente relevante es la Ley N.º 18.515, de 2009, que declaró de interés general la promoción de la actividad de los medios de comunicación y de sus trabajadores.
La importancia económica y laboral de esta actividad también merece consideración. Aunque no existe una cifra única, pública y suficientemente actualizada que permita determinar con precisión cuántas personas trabajan actualmente en el conjunto de los medios periodísticos uruguayos, diferentes estudios permiten aproximarse a su dimensión. Un informe del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social, basado en datos sectoriales correspondientes a 2019, identificaba 1.712 trabajadores en televisión y 1.342 en radio, totalizando 3.054 puestos laborales entre ambos sectores. A esa cantidad deben agregarse los trabajadores de la prensa escrita, las publicaciones digitales y otras actividades informativas, por lo que el universo de personas vinculadas a la comunicación es considerablemente mayor. Se trata, además, de una actividad que genera empleo indirecto mediante servicios técnicos, publicidad, producción audiovisual, distribución y otras tareas relacionadas.
Sin embargo, la realidad laboral del sector ha experimentado cambios importantes. La reducción de plantillas, el cierre de medios, las dificultades para sostener ingresos publicitarios y la transformación de los modelos comerciales han afectado a empresas y trabajadores. Durante 2025 se registraron pérdidas de numerosos puestos laborales en medios uruguayos, en un escenario caracterizado también por situaciones de precarización y nuevas modalidades de contratación. Estas dificultades adquieren particular relevancia en el interior del país, donde muchas radios, canales de televisión y publicaciones constituyen pequeñas empresas que cumplen una función informativa, cultural y comunitaria, frecuentemente con recursos limitados.
La irrupción de las redes sociales, las plataformas de video y otras herramientas digitales modificó profundamente la manera de producir, distribuir y consumir información. Hoy cualquier persona puede comunicar un acontecimiento mediante un teléfono celular y alcanzar rápidamente a miles de usuarios. Esta democratización de las posibilidades de comunicación representa un avance en el acceso a la expresión pública, pero también plantea desafíos relacionados con la veracidad, la identificación de las fuentes y la circulación de información falsa, incompleta o descontextualizada. La posibilidad de publicar contenidos no equivale necesariamente al ejercicio del periodismo, una profesión que requiere investigación, comprobación de datos, consulta de distintas versiones y responsabilidad frente a la audiencia.
En ese contexto, la radio, la televisión y la prensa escrita, junto con sus respectivas plataformas digitales, mantienen un papel especialmente relevante. Su principal fortaleza no debería medirse exclusivamente por la velocidad con que transmiten una noticia, sino por la responsabilidad editorial que asumen sobre los contenidos difundidos. Los medios formalmente constituidos tienen estructuras identificables, responsables de sus publicaciones y obligaciones legales y profesionales. Naturalmente, esa condición no garantiza por sí sola la calidad ni la imparcialidad de la información, del mismo modo que existen proyectos periodísticos digitales que trabajan con elevados estándares profesionales. La diferencia fundamental no está en el soporte utilizado, sino en la aplicación de criterios periodísticos verificables y en la disposición a responder por los errores que eventualmente puedan cometerse.
La defensa de los medios de comunicación tradicionales no supone desconocer los avances tecnológicos ni descalificar las nuevas formas de comunicación. Por el contrario, implica reconocer el valor de instituciones que durante décadas han acompañado la vida de las comunidades, documentado acontecimientos, difundido iniciativas sociales y culturales, transmitido acontecimientos deportivos y ofrecido espacios para la expresión de diferentes sectores. En ciudades y localidades del interior, una emisora, un canal local o un periódico representan muchas veces un vínculo directo entre los vecinos y las instituciones. Su trabajo permite visibilizar problemas que difícilmente alcanzarían repercusión nacional y contribuye a preservar la memoria colectiva y la identidad de cada comunidad.
El periodismo tampoco constituye una actividad aislada ni superior a otras funciones sociales. Su existencia depende de quienes proporcionan información, de las fuentes que aceptan responder preguntas y, fundamentalmente, de las personas que leen, escuchan y observan sus contenidos. Los periodistas no son propietarios de la verdad ni poseen respuestas para todos los asuntos. Su responsabilidad consiste en procurar información confiable, reconocer sus limitaciones, distinguir los hechos de las opiniones y ofrecer elementos que permitan a cada ciudadano formarse su propio criterio. Esa tarea exige independencia, honestidad intelectual y disposición permanente a corregir errores.
En este nuevo Día del Periodista, el reconocimiento alcanza a todos quienes trabajan para mantener informada a la población, desde los grandes medios nacionales hasta las pequeñas empresas de comunicación del interior. También corresponde destacar el papel de lectores, oyentes, televidentes y fuentes informativas, sin cuya participación la actividad perdería su razón de ser. En tiempos de sobreabundancia de contenidos y transformaciones tecnológicas aceleradas, la continuidad de medios diversos, responsables y sostenibles constituye un componente importante de la vida democrática. La confianza de la ciudadanía, construida mediante el trabajo cotidiano, sigue siendo el principal patrimonio del periodismo y el mayor respaldo para quienes ejercen esta profesión.